EL TRIO DE LOS VIRTUOSOS

Craso que era en aquel entonces el Polanco de ahora, dueño de la mayor parte de los inmuebles de alquiler de Roma, y de casi todos los abastecimientos a la ciudad, ya había acumulado suficiente riqueza como para que las dos terceras partes de la nobleza Patricia y el 99% de la plebe fueran deudores suyos.
Llegado el día de la vista pública para juzgar a Clodio, el oro de Craso hizo que Tulio Ciceron permaneciera callado.
Sin embargo, el avinagrado Catón no cejó de lanzar sus acusaciones y profetizó el derrumbre total de la República si Clodio no era crucificado en la Vía Apia y posteriormente entregado a las aves de los dioses para que fuera comido en desagravio de los mismos.
Cátulo apoyó, a pesar de que estaba muy disminuído fisicamente tras la paliza recibida de las masas plebeyas que Clodio había incitado, las propuestas de Catón.
Los tres C :Catón, Cátulo y Cicerón (Pepiño, Rubalcaba y De la Vega) eran la representación de las buenas costumbres y del buen nombre de Roma, a pesar de que eran más corruptos que un ninfo del rey Nicomedes de Bitinia.
Mi amigo Lépido, amigo también de Clodio, se vió obligado a mantener el honor del Colegio Sacerdotal, en su calidad de Pontifex Maximum.
Por todo ello, el Senado condenó en un primer momento a Clodio a perder la ciudadanía romana y destierro en el Ponto Euxino (hoy Turquia).
La cuestión es que alguien comentó en la Curia Publica que Clodio estaba implicado tambien en el complot de Catilina para derribar la República, y entonces Cicerón exigió que fuera crucificado y quemado y que sus cenizas sirvieran para que las Vestales las mezclaran con perfumes y las ofrendaran en el ritual sagrado del sacrificio de un buey en la siguiente hora tercia.
Y así sucedió.
En aquella época la violencia subterranea estaba a la orden de la noche y del día porque los optimates (Ciceron, Catón, y todos los aristócratas que se habían apoderado de las riquezas en inmuebles que las conquistas de Mario, Sila y Pompeyo -éste en Asía- aportaban a Roma) deseaban no ser molestados en su Poder aunque no se preocuparan de la gobernación de las cada vez mayores zonas territoriales ocupadas por la Legiones.
Luego cuando Cayo se apoderó de las Galias, de Britania, de Hispania y Lusitania, de Germania y de Egipto, estaban absolutamente obsoletos para aquella gobernación de un imperio como el de Alejandro.
Los tribunos de la plebe contrarrestaban a los optimates y pretendian que las incalculables riquezas que llegaban a Roma fueran también compartidas por el pueblo.
Más o menos como lo que sucede ahora cuando los marines imponen su poder en Asía o Africa o en Europa : que los beneficios son para la Ford, la General Motors, y los fabricantes de aviones, municiones, misiles, etc. , cuyos representantes son los Senadores del Senado Yankee. Estos se reparten el pastel.
Pompeyo, que provenía de los optimates, se apoyaba en los Tribunos de la plebe para mantener su cargo de Procónsul o general en jefe de 15 legiones (90.000 milites distribuidos en cohortes y manípulos) más las tropas auxiliares, en la zona de Antioquia y Cilicia, aunque de hecho las tenía acantonadas en Brundisi, no muy lejos de Roma, en vez de estar combatiendo contra el rey Mitridates.
Cicerón deseaba que Pompeyo protegiera la posición privilegiada de los optimates y lo halagaba, pero nadie sabía (aunque lo intuía) lo que buscaba Pompeyo.
Por su parte, Craso logró que le dieran el Consulado por el periodo de un año (suprema magistratura de Roma pero a las órdenes del Senado) y con su dinero armó 10 legiones bajo la excusa de que eran para combatir a los partos.
A Cayo Julio le tuvieron que ceder el mando de 8 Legiones destinadas a la pacificación de Hispania, lo que logró, pero entonces se metió en territorio de la GALIA CISALPINA y venció a todo el pueblo helvetio sometiéndolo a Roma y prosiguió sus guerras contra los galos y germanos.
Por tanto, había tres GALLOS que amenazaban la pureza de la República.
Mi madre, con su huesuda mano apretando en mi antebrazo, me comunicó que había concertado mi matrimonio con la hija de Metelo Pío, actual Pontifex Maximum, y el día de la ceremonia conocí a mi esposa.
Una mujer de rasgos regulares, la frente elevada, el cuello largo, que está de pié al lado de su abuela en la Villa de Cayo.
Gracias a este matrimonio acabo de ser nombrado Administrador de la Vía Apia, el camino más transitado por los romanos para cruzar la ciudad o para viajar a Capua.
Mis obligaciones son las de mantenerla, reemplazar los adoquines que las ruedas de los carros desgastan cada día y erigir estatuas a Venus para ocultar los restos de las últimas cruces que recuerdan el suplicio de los seis mil esclavos de la revuelta de Espartaco.
Los invitados a mi boda se pasean bajo la sombra de los pinos, por los senderos bordeados de cipreses del jardín, sonriendo y saludándose aunque se odian todos entre sí.
Algunos de estos caballeros, hombres de finanzas de Craso, tienen a todos los demás en su puño, pues son sus acreedores. Todo se compra.
Pienso que me vendría mejor ser elegido Edil Curul porque esta función me permitiría construir monumentos , embellecer los mercados y dejar claro a la plebe lo que uno sabe hacer y lo bien que debe de hacerlo.
Pero ya llegará.
Sonrío a Lolia, de la que conozco hasta el más mínimo pliegue de su piel, pero ella se va con el tribuno Aulo Gabino, que es su marido.
Trebonius